Nuevas convocatorias HEAT. México. Colombia. España
¿Sabrías cuándo debes abandonar un edificio? ¿Cómo actuarías si una situación aparentemente normal comenzara a convertirse en una amenaza? ¿Sabrías reconocer señales que pudieran anticipar un secuestro? ¿Y qué ocurriría si, pese a todas las medidas de prevención, fueras capturado?
Son preguntas incómodas. Precisamente por eso debemos hacérnoslas antes de que sea necesario responderlas.
En muchas organizaciones existen protocolos, planes de emergencia y procedimientos de seguridad. Sin embargo, en una situación real, especialmente cuando hay miedo, confusión o presión de tiempo, disponer de un documento no garantiza que una persona sepa qué hacer.
El secuestro no es necesariamente el riesgo más frecuente al que puede enfrentarse una persona, pero sus consecuencias pueden ser extraordinariamente graves. Por eso, evitar hablar de él por miedo a generar alarma tampoco contribuye a construir una verdadera cultura de seguridad.
En 2025, México registró 550 víctimas de secuestro extorsivo del fuero común, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). En Colombia, la Policía Nacional registró 651 casos de secuestro, de los cuales 477 fueron de carácter extorsivo.
Son riesgos que no podemos ignorar.
En Colombia, por ejemplo, la Policía Nacional, a través del GAULA, desarrolla acciones específicas frente al secuestro y la extorsión. Pero hay un aspecto especialmente significativo: una parte importante de su trabajo es preventivo, mediante campañas de sensibilización, autoprotección e identificación temprana de riesgos.
La prevención no consiste únicamente en reaccionar cuando ocurre un delito. También consiste en preparar a las personas antes de que ocurra.

Prevenir antes de reaccionar
Las organizaciones que trabajan en contextos internacionales, zonas remotas o entornos potencialmente hostiles suelen disponer de políticas y procedimientos de seguridad. Pero entre un procedimiento escrito y una respuesta eficaz existe una pieza fundamental: la persona que tiene que tomar la decisión.
- Una evacuación puede requerir abandonar un edificio rápidamente.
- Una amenaza puede obligar a cambiar un desplazamiento.
- Una situación de violencia armada puede exigir reconocer el peligro y buscar una salida segura.
- Un intento de secuestro puede desarrollarse en cuestión de segundos.
En todas estas situaciones hay algo en común: no hay tiempo para abrir un manual y empezar a aprender. La formación debe haber ocurrido antes.
Una buena preparación no significa vivir pensando en las amenazas. Significa desarrollar hábitos, conocimientos y criterios que permitan reconocer situaciones de riesgo y tomar mejores decisiones.
Una persona preparada puede estar en mejores condiciones para identificar señales de alerta y comportamientos anómalos, reducir su exposición al riesgo, adoptar medidas de autoprotección, responder ante una amenaza de seguridad, evacuar un edificio o una zona, actuar ante un tirador activo, tomar decisiones bajo estrés, reaccionar ante un intento de secuestro, lidiar emocionalmente con un cautiverio y contribuir a la seguridad de sus compañeros y de su organización.
No se trata de convertir a cada trabajador, voluntario o colaborador en un especialista en seguridad. Se trata de proporcionarle herramientas para reconocer, decidir y actuar.
La seguridad también se entrena
La protección de las personas requiere que las organizaciones asuman una responsabilidad activa. Para una empresa, una ONG, una institución pública, una universidad, una organización internacional o cualquier entidad que envíe personas a contextos de riesgo, proteger a sus equipos no debería limitarse a elaborar un protocolo o proporcionar un teléfono de emergencia.
En una situación de crisis, el estrés puede afectar a la percepción, la comunicación y la capacidad de tomar decisiones. La incertidumbre puede provocar bloqueo. Y una persona que nunca ha entrenado una determinada respuesta puede tener dificultades para actuar cuando más lo necesita.
Por eso, la formación en entornos hostiles debe ir más allá de la teoría. Debe permitir practicar, experimentar escenarios, tomar decisiones y aprender a gestionar la presión en un entorno controlado.
Ese es precisamente el propósito de HEAT (Hostile Environment Awareness Training).
No se trata de enseñar a las personas a tener miedo. Se trata de enseñarles a estar preparadas.
La seguridad no se improvisa. Se entrena.
En 2026, Helsinki España ofrece las siguientes convocatorias de HEAT:
🇲🇽 México — 24–28 de octubre de 2026
🇪🇸 España — 14–18 de noviembre de 2026
🇨🇴 Colombia — 21–25 de noviembre de 2026
